La Colaboración y Las Alianzas Estratégicas Del Reino

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¿Qué significa “Alianzas Estratégicas?

Mucho se ha escrito y más se ha hablado sobre este término. Entre todas las posibilidades, fue la que adoptamos en COMIBAM algunos años atrás. Hay otros vocablos que se usan para enfocar lo mismo: hermanamientos, asociaciones, colaboracion, cooperación, parcerias (en Portugués). Sea cual fuere su favorita, para poder conversar sobre el tema, debemos partir de algunas definiciones, con tal de aclarar que es lo que se propone.

Colaboración del Reino: a un nivel hablamos de la actitud y postura de colaboración. Se refiere al Reino de Dios porque lo que nos informa es la convicción que los objetivos y los recursos para cumplir la Gran Comisión le pertenecen a Dios, no a una organización o institución. Al enfocamos de esta manera, ponemos nuestros propias agendas, asi como recursos financieros, humanos y de tiempo, al servicio de Dios. Los compartimos con nuestros hermanos, porque sabemos que somos parte de un mismo cuerpo (un Dios, un Señor, un bautismo.)

Alianzas Estratégicas: esta expresión la reservamos para describir el proceso y la estructura que surgen cuando colaboramos. Las Alianzas pueden tener un enfoque principal y otros secundarios o complementarios. Las hay de enfoque horizontal, por ejemplo: iglesias y agencias que tienen en común un llamado para llevar el evangelio a un grupo etnico. Las une ese llamado, pero una se especializa en plantación de iglesias, otra en traducción de la Biblia, la otra en ministerios audiovisuales, otra en desarrollo comunitario. Juntas, de la mano con iglesias locales, forman una alianza estratégica con el fin de alcanzar a dicha etnia.

Otras se denominan verticales, donde los participantes tienen además de un llamado común hacia una causa, también tienen enfoques ministeriales parecidos. Aquí podríamos poner com ejemplo una alianza de iglesias y denominaciones en una ciudad. Todas quieren llevar el evangelio y ayuda social y humanitaria a los niños de la calle, pero es una tarea demasiado grande para una sola iglesia, agencia o denominación. Al unirse, ellas pueden compartir recursos, uniendo fuerzas para realizar la tarea de forma coordinada.

Por último, les llamamos estratégicas porque sus participantes se unen para trabajar juntos para responder a una necesidad bien particular, o para llevar la presencia del Evangelio en un lugar específico, donde quizás nunca ha sido escuchado. Las alianzas son estratégicas en su enfoque, así como en el uso de todos los recursos disponibles.

Una solida base de reflexión

Primero debemos partir de una continua reflexión de las bases, teológicas de la misión. Solo cuando partimos de un entendimiento de la Misión de Dios, podemos colaborar de una manera sana, integral y que glorifica a Dios. Esta reflexión conlleva a entender más profundamente la naturaleza de nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos. La obra salvífica de Jesús crucificado y resucitado redime toda relación y remueve las barreras que el pecado intermpuso entre nosotros y con Dios.

Si no construímos esta base, corremos el peligro de enfocarnos solo en tareas, utilizando a nuestros hermanos como peldaños en nuestro camino o como piezas en un juego de ajedrez. Este proceso de reflexión nos lleva a transcender nuestras agendas personales e institucionales para ponerlas al servicio del Rey de Reyes.

Una solida base de práctica

A la vez, es necesario hacer hincapié en la necesidad de un sólida praxis en el trabajo en alianza y cooperación. Sí buscamos la armonía, la unidad, las buenas relaciones y amistad, pero también debemos ser fieles mayordomos de todos los recursos (compartidos) para la consecución de los objetivos de la alianza. Esto incluye pero no se limita al manejo transparente y profesional de las finanzas, rendición de cuentas sobre el uso de nuestro tiempo y los compromisos adquiridos, planificación y evaluación, objetivos y procesos. También debemos pensar juntos en planes de contigencia–respondiendo a la pregunta ¨qué hariamos si X o Y situacion surge? Por ejemplo, antes de que surjan conflictos personales o institucionales, delinear un proceso de reconciliación, mediación o arbitraje (Mateo 18). O qué hacemos cuando se de un cambio de liderazgo en una de nuestras organizaciones? Como aseguramos que haya continuidad de relación y trabajo con el nuevo lider?

A veces, como cristianos, quizás tendemos a pensar que estos aspectos practicos no son espirituales, o no son necesarios porque somos hermanos. Sin embargo la mayordomía y la buena administración son valores y practicas bíblicas y espirituales tanto como orar y ayunar (Parabola de los talentos, Nehemias, Pablo, Jesus).

Algunas recomendaciones y observaciones

Las alianzas estratégicas son sanas y efectivas cuando se basan en un llamado de Dios que genera pasión hacia una causa,

Los participantes deben tomar tiempo para conocerse y desarrollar confianza. Aunque una causa nos apasione, sin la confianza entre los participantes, la alianza se pueden debilitar o destruir con el primer conflicto.
El conflicto no es malo es si, si lo manejamos bien, va a ayudar a fortalecer la confianza y hacer madurar a la Alianza–de la misma manera que una planta crece más luego de ser podada cuidadosamente.

Las alianzas se desarrollan en etapas, y debemos tener paciencia para caminar juntos en cada etapa, aún cuando pareciera que no estamos avanzando. Debemos también cuando una alianza llega a su fin, o nuestra participación finaliza. Al reconocerlo y manejarlo con madurez, podemos terminar bien y no dejar detrás relaciones rotas o cuestionamiento. La buena administración de los recursos (personas, finanzas, tiempo) es indispensable en la vida de una alianza.

A lo largo de la vida de la alianza, debe estar saturada de oración, ayuno, adoración y reflexión. Esto se debe reflejar en la vida de cada participante, en las reuniones y todo tipo de evento, así como en todo tipo de publicaciones.

Por Jose de Dios