La Tarea De Más Alta Prioridad

SE DERRUMBA UNA MONTAÑA – Cubierta por la oscuridad que había en la montaña, engulliendo una ciudad, en segundos, apenas una calle o un tejado podía ser vista. Tan pronto como había pasado el estruendo de tierra que se desplomaba, millares de gente con linternas y palas comenzaron a llegar de aldeas vecinas. Cavando frenéticamente por la noche, rescataron a centenares de sobrevivientes enterrados vivos en sus hogares. Un grupo de hombres, cavando en la oficina del alcalde extrajo una lista de los habitantes de la ciudad, permitiendo contar a todos los desaparecidos. A la salida del sol cada nombre había sido revisado. Transladaron a los sobrevivientes a las ciudades vecinas; las víctimas fueron enterradas. Los salvadores agotados volvieron a casa.

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La Oración: El Trabajo de las Misiones

A fin de poner en marcha un movimiento de oración en la Iglesia y a fin de sostener la voluntad de orar en nuestros corazones, debemos pensar y hablar acerca de otras cosas además de la oración. Esta es la lección clave que he aprendido en años recientes.

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La Gran Comisión Y El Avivamiento

Cuando Cristo Jesús dijo, “Id a todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura”, no sugirió, ordenó. El problema con la mayoría de los Cristianos hoy en día es que toman esa escritura como algo opcional, algo para los misioneros o los evangelistas. Pero la verdad es que esta escritura es para todos los discípulos de Cristo Jesús. Cuando Cristo Jesús dijo, “Id y haced discúpulos de todas las naciones”, nuevamente, no vemos una sugerencia sino una orden muy clara. Cuando los Cristianos del primer siglo no obedecieron esta orden, el Señor tuvo que mandar persecución y dispersión para ayudarles a obedecer la gran comisión. Nosotros también podemos obedecer “por la buena” o “por la mala”.

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Jim Elliot

En estas páginas nos hemos referido anteriormente a Natanael (Nate) Saint,1 el piloto cristiano que murió a manos de los aucas en la selva ecuatoriana. Pero este misionero formaba parte de un equipo adenominacional2 de cinco personas que se había propuesto emprender la arriesgada misión de alcanzar a la mencionada tribu con el evangelio. Hace ya 45 años que estos jóvenes norteamericanos murieron fuera de su patria por la causa de Cristo, dejando tras sí cinco viudas, también jóvenes, y varios niños de corta edad. Todavía hoy conmueve leer el relato de este heroico episodio y contemplar las fotografías del inesperado y luctuoso desenlace. No obstante, y a pesar del dolor que indudablemente ocasionan dramas como estos, no cabe duda de que su sacrificio rindió frutos que sus propias familias han tenido la satisfacción de conocer, a semejanza de lo que aconteció con el heroico grupo de ingleses que murió de inanición en el otro extremo del continente poco más de cien años antes.3

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