Participación en la Oración

La Importancia de la Oración – Como todas actividades de la Iglesia, el trabajo de misiones es movido por la oración. La oración es el arma más poderosa para que se venzan las barreras y se alcancen las metas. A través de la oración, podemos ver las puertas de los cielos abiertas y las bendiciones de Dios sobre su pueblo. La Oración mueve el corazón de Dios. No hay problema o dificultad que se resista a una oración persistente. Dios responde a la oración, y el trabajo de misiones solo se puede sustentar a través de la oración.

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La Urgente Misión de la Iglesia

Cuando Cristo dijo que “los campos ya están blancos para la siega”, hablaba de que “el campo es el mundo”. Algunos argumentan que la Gran Comisión fue solo para los discípulos de Cristo y no para hoy. Pero la Iglesia como depositaria del evangelio, tiene un serio deber que cumplir. Los que niegan este deber, con su falta de obediencia a su claro mandato, niegan a su Señor. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones…” (Mateo 28:19).

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La Tarea De Más Alta Prioridad

SE DERRUMBA UNA MONTAÑA – Cubierta por la oscuridad que había en la montaña, engulliendo una ciudad, en segundos, apenas una calle o un tejado podía ser vista. Tan pronto como había pasado el estruendo de tierra que se desplomaba, millares de gente con linternas y palas comenzaron a llegar de aldeas vecinas. Cavando frenéticamente por la noche, rescataron a centenares de sobrevivientes enterrados vivos en sus hogares. Un grupo de hombres, cavando en la oficina del alcalde extrajo una lista de los habitantes de la ciudad, permitiendo contar a todos los desaparecidos. A la salida del sol cada nombre había sido revisado. Transladaron a los sobrevivientes a las ciudades vecinas; las víctimas fueron enterradas. Los salvadores agotados volvieron a casa.

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Samuel Zwemer – Una biografía misionera

“Desde un solitario minarete en tierras musulmanas, el insistente llamado a la oración es proclamado desde antes del amanecer hasta después del atardecer, de esta manera, este pequeño libro tiene sólo un mensaje. Un repetido llamado: “¡Vengan a orar, vengan a la victoria! Dios es más grande que todas las dificultades del mundo musulmán.” Así lo comentaba Samuel Zwemer, denominado “el apóstol a los musulmanes.” Zwemer nació en 1867 en los Estados Unidos de Norteamérica. Sus familiares fueron emigrantes holandeses, y su padre era pastor de la Iglesia Reformada. De sus seis hermanos, todos menos uno, se dedicaron al ministerio.

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